Cómo sacar a un diseñador gráfico de sus casillas

El trabajo de un diseñador no siempre es fácil. Lo sabemos. No sólo porque la creatividad no se encienda y apague con un interruptor o porque en un entorno tan tecnológico el reciclaje y la formación tengan que ser constante. No es sólo eso. Los diseñadores son los grandes incomprendidos, esa persona que tiene que saber de todo, cuyo trabajo todo el mundo puede valorar y que en ocasiones habla un idioma distinto al de sus clientes. O más bien al revés.

Los clientes nos dan de comer, cierto, pero a veces también son los autores de esos pequeños gestos que nos sacan de nuestras casillas. Puede que lo hagan con la mejor intención pero… ¿Qué piensas cuando recibes una imagen o un logotipo insertado en un Word? ¿Y si a su sobrina pequeña no le ha gustado el diseño de esa portada que tanto te ha hecho sudar? ¿Es culpa tuya que no le guste el diseño cuando el briefing que has recibido se limitaba a un párrafo lleno de vaguedades?

El blog Youthedesigner recopila en este post los 20 tics de los clientes que sacan de sus casillas a los diseñadores: regatear el precio como si estuvieran comprando en el zoco de Marrakech, la molesta costumbre de quedarse detrás de uno para ver cómo trabaja o cómo no, decir simple y llanamente que estamos equivocados. ¿Hay clientes especialmente molestos? ¿Son los diseñadores especialmente susceptibles? De acuerdo, un poco de cada cosa. Eso sí, que levante la mano quien no haya estado a punto de lanzar el teclado por la ventana por alguna de estas veinte razones.

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